jueves, 3 de noviembre de 2011

El Pacto Constitucional. Dos opciones

"Súbitamente empezó a pensarse que el hecho de que el gobierno hubiera quedado sometido al control de la mayoría hacía innecesario mantener sobre él cualquier limitación, por lo que cabía impunemente abandonar todas las salvaguardias constitucionales."

- Friedrich A. Hayek -



El motivo de este nuevo artículo consiste en abordar dos modelos (a nuestro juicio, y como intentaremos explicar, incompatibles de todo punto) a la hora de entender y justificar lo que se viene a llamar "Pacto Constitucional".

El primero de los modelos, al que llamaremos "Liberal", entiende el Pacto Constitucional como un instrumento jurídico para salvaguardar la libertad individual. Este modelo justificativo, muy presente en los modelos revolucionarios de los siglos XVII y XVIII (especialmente en los casos inglés y americano y de forma no tan clara en el francés), se encuentra sin embargo en la actualidad condenado al ostracismo. El segundo de los modelos, al que llamaremos "Democrático" entiende el Pacto Constitucional como el fruto de un consenso entre las diversas fuerzas políticas que componen la representación de la nación y por lo tanto de la soberanía popular. Para este segundo modelo, el Pacto Constitucional es por lo tanto un instrumento fundamentalmente político aunque pueda tener una plasmación jurídica subsiguiente.

¿Cuáles son las consecuencias jurídico-políticas de ambos modelos? Bien, nosotros creemos que son fundamentalmente tres y en torno a ellas articularemos el escrito. En primer lugar, y como hemos apuntado anteriormente, el fundamento esencial del pacto y las consecuencias que de ello se derivan. En segundo lugar, y muy ligado a lo anterior el fundamento sobre el que se justifican las normas jurídicas. En tercero, y como fruto de los dos anteriores apartados, las diferencias sobre la Reforma del texto constitucional. Intentaremos ser breves.

1) Fundamento Jurídico vs. Fundamento Político: El hecho de que el Pacto Constitucional sea un instrumento jurídico o uno político tiene importantes consecuencias. La primera de ellas es que si el Pacto Constitucional tiene un componente jurídico esencial tenemos que concluir que la labor fundamental del texto constitucional (y del propio Pacto previo) radica en la garantía y defensa de los derechos individuales. Esto es así esencialmente porque el Pacto Constitucional lo que hace es asentar derechos previos (ya tengan un origen "natural" o uno "histórico") al Pacto mismo. El Pacto por lo tanto no hace sino poner por escrito en un texto jurídico de naturaleza contractual algo de lo que ya dispone el individuo antes de suscribir el texto concreto.

Por el otro lado, si pensamos que el Pacto Constitucional tiene un fundamento político debemos concluir dos cosas: en primer lugar que dicho pacto es un instrumento al servicio de las fuerzas políticas para que ninguna de ellas (al menos de las electoralmente relevantes) pueda quedar como si dijésemos "fuera del sistema"; en segundo lugar, si el Pacto tiene una naturaleza meramente política (aunque luego sirva para formular un texto jurídico-constitucional) entonces solo implica un deber político de respetar el Pacto, sin consecuencias jurídicas posteriores (hablamos de respetar el Pacto Constitucional, no la Constitución escrita y vinculante que pueda seguirle a continuación).

2) Fundamento previo de las normas vs. Fundamento posterior de las normas: La primera consecuencia que se sigue de forma lógica de lo anteriormente expuesto es la siguiente: Que el Pacto Constitucional Liberal encuentra el fundamento de las normas jurídicas en circunstancias y situaciones previas a la suscripción del Pacto, con lo que este Pacto y la Constitución posterior no pueden vulnerar derechos básicos con que los individuos cuentan con anterioridad a su elaboración (ya decimos, pueden tener un origen natural o uno derivado de la evolución histórica lo cual es un apasionante debate pero que a los efectos de este artículo resulta totalmente irrelevante) como pueden ser (y por usar la trinidad de derechos clásica del pensamiento liberal) el derecho a la vida, a la libertad o a la propiedad privada (es decir, el contenido que John Locke emplea al hablar de forma amplia con el término "Propiedad").

Sin embargo, si el Pacto Constitucional tiene un fundamento político no vinculado a nada más que el acuerdo de las fuerzas políticas, como sucede en el "Modelo Democrático" la consecuencia es que las normas jurídicas encuentran su justificación exclusivamente en el Pacto Constitucional y en la Constitución escrita. De este modo, el Legislador Constitucional (al que muchas veces se llama Poder Constituyente por usar la terminología de Sieyes) puede configurar la realidad jurídica al parecer de las fuerzas políticas, llevando a cabo un proyecto constructivista que en sus peores manifestaciones derivaría en un proyecto genuinamente totalitario, por muy democrática que sea su elección, elaboración y aprobación (es lo que algunos llaman "Totalitarismo Democrático" o "Democracia Totalitaria" encontrando su encaje teórico en Rousseau). El resto de normas jurídicas infra-constitucionales sería suficiente con que respetasen la pirámide normativa kelseniana (ya que este modelo, por cuestiones que exceden al ámbito de este artículo explicar, se encuentra íntimamente ligado al Positivismo Jurídico como Filosofía del Derecho) para ser válidas y por lo tanto para continuar limitando derechos individuales "en beneficio de la comunidad". A nadie por lo tanto puede escaparsele el enorme poder que este Modelo Democrático concede a las fuerzas políticas para determinar que es y que no es Derecho.

3) Reforma Constitucional Garantista vs. Reforma Constitucional de Consenso: Como colofón de todo lo anterior, el mayor de los problemas se produce a la hora de admitir o no admitir, y con que criterios, un cambio constitucional. Si nos situamos en el primero de los modelos, el Liberal, y viendo lo ya explicado, encontraremos que la reforma constitucional encuentra (como en el momento de su elaboración) su justificación y límite últimos en la garantía de los derechos individuales. Para este modelo la legitimidad y validez de un cambio de estas características solamente se entiende desde su relación con los derechos individuales de tal modo que una reforma será en cualquier caso legítima y conveniente si sirve para garantizar dichos derechos de un modo mejor que manteniendo el status quo normativo. Si por el contrario, una reforma va orientada a limitar o perjudicar esos derechos, el modelo liberal responde automáticamente declarando dicho intento de reforma como inválido y permitiendo la resistencia de la ciudadanía respecto al mismo. Por lo tanto, desde este modelo liberal, no se os pasará por alto que las reformas constitucionales tienen un carácter "natural" o "espontáneo". Se vuelven obligadas cuando así lo reclama una mejor garantía de los derechos individuales y se vuelven de todo punto ilegítimas cuando van orientadas a menoscabar estos derechos.

El modelo democrático por su parte, lleva a una "Sacralización del Consenso" tan en boga de las formaciones políticas en los últimos tiempos, como se puede ver por ejemplo en el caso español. ¿Por qué las fuerzas políticas parecen tan empeñadas en dicha sacralización de un elemento de naturaleza meramente política? Muy fácil, porque supone su gran núcleo de poder. Mediante esta "Ideología del Consenso" las fuerzas políticas se reservan para sí el control y la decisión sobre que puede o no regir a la Sociedad. Este modelo concibe como legítimo todo cambio constitucional (independientemente de como afecte el contenido de dicho cambio a los derechos individuales) que haya sido pactado por las fuerzas políticas de relevancia e impide todo aquel cambio que siendo favorable a los derechos, sea sin embargo perjudicial a los intereses de los partidos. Llevado a un caso desde luego extremo, pero no impensable, si de repente toda la clase política enloquece y decide dar por derogado por ejemplo el derecho a la vida o a la libertad de conciencia, este modelo lo admitiría como valido. Del mismo modo este modelo vetaría todo cambio constitucional que por ejemplo garantice mejor la propiedad privada de los ciudadanos si esto perjudica la contabilidad y la capacidad de captación de fondos públicos por parte de los partidos políticos al ser estos los que en última instancia marcan que es o no es el derecho de propiedad.

En definitiva, y a modo de conclusión, podemos decir que existen dos grandes modos de entender el Pacto Constitucional. Uno de ellos, de raíz claramente liberal, concibe el Pacto y la Constitución como una garantía jurídica de derechos no disponibles por parte de la clase política. El otro modelo, de raíz netamente democrática (totalitariamente democrática incluso) concede poderes exorbitantes a los partidos políticos convirtiendo a estos en únicos actores legitimados para marcar o no el contenido de los derechos y además, concede a las fuerzas políticas (incluso en ocasiones fuerzas políticas de una representación muy limitada) la posibilidad de vetar cambios constitucionales favorables a los derechos (aunque perjudiciales para sus intereses de partido) mediante una formula de "Sacralización del Consenso" que permite en ambos extremos la tiranía de las mayorías pero también la de las minorías y siempre buscando perjudicar los derechos individuales en nombre de la política y la democracia.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

El Liberalismo y sus Clases

Cuando en el anterior artículo hicimos una primera aproximación al Liberalismo como teoría o ideología política la definimos como la teoría política que hace de la causa de la libertad su núcleo esencial. No obstante, también afirmábamos que el Liberalismo, a diferencia de otras teorías carece de un carácter monolítico con lo que da pie a hablar, si quiera sea brevemente, de las diferentes clases de Liberalismo en este artículo.

Una primera diferenciación sería la que se produce entre "Liberalismo Político" por un lado y "Liberalismo Económico" por otro. En el artículo anterior ya señalamos porque esta diferenciación no nos parece adecuada, y por lo tanto tampoco será necesario detenerse más en ello. Solamente, hay que recordar que el Liberalismo no debe entenderse como un conjunto de tres núcleos (ético, económico y político) totalmente separados sino que unos se garantizan a los otros y sin un contenido ético, económico y político concreto (siquiera sea en sus mínimos doctrinales) no puede hablarse en ningún caso de genuino Liberalismo.

Una concepción muy extendida es la que permitiría hablar de un "Liberalismo Clásico" por un lado, un "Liberalismo Radical" (algunos dirían progresista) por otro y un "Liberalismo Conservador" también. Así puede encontrarse este modo de dividir el pensamiento liberal si acudimos al libro "Ideologías y Movimientos Políticos Contemporáneos" dirigido por Joan Antón Mellón.

Esta forma de establecer categorías al clasificar el Liberalismo abordaría un Liberalismo Clásico que abarcaría al pensamiento que comenzaría en la figura de John Locke y llegaría hasta Benjamin Constant. Este Liberalismo Clásico se referiría en buena medida a lo que aquí hemos dado en llamar un Liberalismo en términos genuinos, es decir aquel en que están presentes las libertades políticas, económicas y morales de manera complementaria, sin que haya que renunciar a ninguna de ellas en favor de las otras.

Este Liberalismo Clásico sufriría una ruptura con motivo de la Revolución Francesa. Ante los fenómenos revolucionarios de este país a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, el movimiento liberal se escindiría en dos: aquellos liberales que consideran que la Revolución no puede traer sino efectos positivos permitiendo extender la idea de la libertad incluso en aquellos países que parecían totalmente sometidos al yugo de la Monarquía Absoluta (que recibirían el nombre de Radicales o Progresistas) y aquellos que ven en la amenaza del radicalismo revolucionario un riesgo igual o mayor del que suponía el despotismo (a los que se conoce como Liberal-Conservadores). La primera línea vendría de la mano de Thomas Paine y llegaría hasta John Rawls ya a finales del siglo XX. La segunda, comenzaría con Edmund Burke y llegaría hasta figuras como Robert Nozick o Friedrich Hayek.

A nuestro juicio, esta clasificación adolece de dos grandes defectos. El primero de ellos es que con su simplismo es incapaz de comprender y encuadrar el pensamiento de autores como Alexis de Tocqueville, que siendo un gran crítico (posiblemente el mayor de su tiempo) con el proceso de la Revolución Francesa es en cambio ciertamente favorable a la nueva sociedad democrática tal cual se plasma en la naciente nación Norteamericana. El segundo de los problemas, que seguramente no escapará a quien haya estado pendiente del contenido del blog, es que esa clasificación concibe realmente que es posible separar la libertad política de la civil convirtiendo automáticamente en Radicales a los que defienden la primera y en Conservadores a los que apuestan por la segunda. Es decir, para los que clasifican así el Liberalismo parece indicarse que, al menos desde la Revolución Francesa, es ciertamente imposible conciliar ambas clases de libertades, algo que según nosotros hemos expuesto no sólo es posible sino que se convierte en un requisito indispensable para todos los que se afirman así mismos como Liberales.

Más clara nos parece la división llevada a cabo por Friedrich Hayek. Sin abandonar la simpleza, y por lo tanto el carácter didáctico diferencia dos grandes tendencias en el pensamiento liberal, que más alla de compartir denominación ("liberalismo") tendrían poco en común.

La primera de las tradiciones (en la que se inscribe el propio Hayek) se desarrollaría en Inglaterra entre los tiempos que van desde los "Old Whigs" a finales del siglo XVII hasta la era Gladstone a finales del XIX. Entre sus representantes típicos en Inglaterra, Hayek distingue a David Hume, Adam Smith, Edmund Burke, T.B. Macaulay o Lord Acton. Además esta tradición llegaría también a otros lugares contando con figuras como Benjamin Constant y Alexis de Tocqueville en Francia; Immanuel Kant, Wilhem von Humboldt y Friedrich von Stiller en Alemania; así como James Madison, John Marshall y Daniel Webster en los Estados Unidos de América. Aunque Hayek no lo señala, también España contaría con algunas figuras de importancia que podrían ser claramente incluidas en esta tradición como serían los casos de Gaspar Melchor de Jovellanos o de Bernardo Jerónimo Feijoo, además de varios liberales gaditanos.

La segunda de las tradiciones por el contrario tendría su origen en Europa Continental, y muy especialmente en la Francia de la Ilustración. No sorprende por lo tanto que Voltaire, Rousseau o Condorcet sean algunos de sus principales protagonistas. Esta línea de "Liberalismo", tan profundamente separada de la primera, sería el germen de la Revolución Francesa. Nuevamente aquí podemos encontrar importantes exponentes españoles (que tampoco son mencionados por Hayek): sería el caso de personajes como Agustín de Argüelles, Alvaro Flórez Estrada o el Conde de Toreno en su primera etapa (la rousseauniana, no la moderada de la época isabelina).

¿Por qué son estas dos tradiciones tan distintas? Bien, veamos la respuesta que nos ofrece Hayek. En primer lugar pueden distinguirse ambas tradiciones si acudimos al fundamento político último. Mientras para la primera tradición la clave radica en la limitación del poder, la segunda tradición está mucho más ocupada en quien o quienes son los que ejercen ese poder. De este modo mientras que la que podemos llamar "tradición anglosajona" considera que lo fundamental es que no exista un poder absoluto y total que aplaste las libertades individuales, la clave para la "tradición continental" es que el poder se ejerza por una mayoría democrática. Hayek nos explica (y estamos claramente a favor de Hayek en este punto) que si bien democracia y liberalismo pueden ser excelentes compañeros de viaje, responden a dos lógicas muy diferentes: la primera se ocupa de quien gobierna y la segunda de como se gobierna o cuanto debe ser el poder que tenga quien gobierne. Es por lo tanto perfectamente concebible (al menos en un plano teórico) encontrar un gobierno no democrático pero sí liberal a la vez que es posible encontrar democracias anti-liberales. Hayek lo explica (a nuestro juicio en este punto de manera equivocada) afirmando que liberalismo y democracia tienen diferentes opuestos, el totalitarismo y el autoritarismo respectivamente.

Pero aún más importante que esta causa de diferencia, y también presente en el pensamiento y los escritos de Hayek, se encuentra lo siguiente: lo que en realidad diferencia de manera insalvable a una y otra tradición es su diferente concepción del conocimiento humano y de la ordenación social. La tradición anglosajona partiría así de un principio muy claro de que el conocimiento humano es limitado y disperso y de esta manera el Orden Social tendría una naturaleza evolutiva como consecuencia de lo que Hayek llama "Orden Espontáneo" que no es otra cosa sino las consecuencias no intencionadas de las acciones intencionadas de cada uno de los hombres. Esa lógica, lo que Adam Smith llamó "la mano invisible" aplicado a los mercados, tendría en Hayek una extensión al conjunto de ámbitos nacidos de la acción humana. Aquí esta la clave: según la tradición anglosajona la libertad es solamente posible en un entorno caracterizado por el Orden Espontáneo mientras que resulta imposible en un Orden Planificado.

Frente a ello, la tradición continental asume el principio de racionalidad extrema (concretado en la figura del Contrato Social rousseaniano) y establece que es posible concebir y poner en práctica un sistema político perfecto. La sociedad se convierte entonces en una materia posible de modelar, ya que lo importante es que ese proyecto político (que llamaríamos utópico) sea materializado. Según la tradición continental la libertad solamente es posible en un Orden Planificado, el cual se concibe pensando (al menos desde la perspectiva del planificador) en generar un orden lo más propicio posible al desarrollo de la libertad y la igualdad.

Esa doble concepción hace, para aquellos que sean capaces de comprender las implicaciones, que sea imposible de todo punto conciliar uno y otro modo de concebir la tradición liberal, ofreciendo en última instancia la posibilidad a todo liberal de encuadrarse en una u otra tendencia, independientemente de su origen nacional.

viernes, 28 de octubre de 2011

Primera Aproximación al Liberalismo

"La defensa de la libertad tiene que ser dogmática, sin concesión alguna al oportunismo, aún cuando no sea posible demostrar que, al margen de los efectos positivos, su infracción pueda comportar algunas consecuencias perjudiciales. La libertad sólo puede prevalecer si se acepta como principio general cuya aplicación a casos particulares no tiene necesidad de justificarse. Por tanto, acusar al liberalismo clásico de haber sido demasiado doctrinario es fruto de una pura incomprensión."

- Friedrich A. Hayek -



Podemos empezar aproximandonos al Liberalismo definiendola como la teoría política que hace de la causa de la libertad su núcleo central. El Liberalismo es entonces una teoría política y por lo tanto un conjunto de ideas que nos permiten contar con herramientas para enjuiciar la adecuación o no de la práctica política. En palabras de un autor ya clásico, una teoría política es "el subconjunto de la teoría moral que versa sobre el uso legítimo de la violencia en la vida social" (Rothbard, 1980).

Algunos prefieren no obstante el termino "ideología" para referirse al liberalismo. Según Sartori, una ideología es una subclase perteneciente a la clase general de "sistema de creencias", concretamente la parte política del mismo y ni siquiera en su totalidad ya que el "pragmatismo" sería también una subclase política del "sistema de creencias" y no ideológico, por lo que la ideología necesita de dos elementos: un estado cognitivo cerrado (es decir, no sujeto ante la evidencia ni la argumentación) y un estado emotivo fuerte lo que conducirá a unos elementos fijos que "son rígidos, mantenidos de modo dogmático, y rechazan tanto la argumentación como cualquier otra evidencia" (Sartori, 1992).

Aclarado este punto, tenemos que decir que no obstante, el Liberalismo carece del carácter monolítico de otras ideologías o teorías políticas (como por ejemplo el Socialismo) con lo que sería más adecuado tal vez hablar de Liberalismos en lugar de Liberalismo. No obstante ese extremo lo dejaremos para un próximo artículo ya que lo que ahora me interesa es destacar los rasgos fundamentales de todo Liberalismo.

Existen diferentes modos de caracterizar los núcleos fundamentales del credo liberal. Por ejemplo, es célebre la distinción que hace Benedetto Croce al distinguir entre "Liberalismo" para hacer mención a las defensa de la libertad en el ámbito político y "Liberismo" para referirse al postulado económico de laissez-faire. No obstante otras clasificaciones del núcleo de creencias son posibles. Hay quien prefiere por ejemplo diferenciar entre un "ámbito moral o ético" y un "plano político, ideológico o constitucional) (Navarrete, 2009). O hay otros que prefieren (como vimos en la presentación del blog) afirmar la existencia de un "núcleo moral", un "núcleo económico" y un "núcleo político" (Vallespín, 2003).

Desde este blog, no obstante proponemos otra idea ligeramente diferente. Lanzamos la propuesta de que realmente no existe un núcleo ético, ni económico ni político en sí mismos que sean ajenos al resto. Por el contrario entendemos que el Liberalismo en esencia tiene unos postulados morales, económicos y políticos que lejos de formar compartimentos estancos forman un todo coherente (que no homogéneo) en el que existen una serie de criterios mínimos para poder hablar de Liberalismo. Dicho de otro modo, existen en todo Liberalismo (independientemente de su tipo o clase) una serie de elementos esenciales y de mínimos sin los cuales es imposible hablar de Liberalismo. Algunos de estos elementos tienen un carácter político, otros un carácter moral y otros un carácter económico. La falta total de uno solo de estos elementos, por tanto, hacen el sistema de creencias irreconocible como liberal.

Estos elementos básicos serían:

1) Individuo como agente moral fundamental: El Liberalismo se caracteriza por su "individualismo metodológico" lo que significa que toda una unidad de análisis de la sociedad parte del reconocimiento intrínseco del individuo. El individuo, es quien elige, quien siente y quien piensa, y por lo tanto la autoridad moral básica e irrenunciable. Este rasgo fundamental diferencia al Liberalismo de las diversas corrientes Colectivistas (Infantino, 2009).

2) Limitación del Poder Político: El Liberalismo siempre desconfía por su propia naturaleza del poder político, sea este ejercido por uno, por varios o por la mayoría. Desde esta perspectiva, el Liberalismo (en cualquiera de sus formas) aboga por la limitación del Gobierno en una escala que iría desde el Gobierno Limitado o Constitucional hasta la asunción de posiciones libertarias o anarco-capitalistas, pasando por las diversas teorías sobre el Estado Mínimo o Minarquismo. Para limitar el poder político tradicionalmente se han articulado dos mecanismos jurídicos y políticos esenciales: los derechos fundamentales o básicos, y la separación de poderes. Ambos elementos además, suelen contar con una regulación constitucional, lo que les confiere la garantía de venir regulados en la norma fundamental que regula tanto el Estado como la Sociedad en un determinado país. A los efectos de este segundo elemento, Liberalismo se opondría a las nociones de Autoritarismo y, muy especialmente, Totalitarismo.

3) Propiedad Privada y Libre Mercado: Mucho se ha dicho sobre la relación entre propiedad y mercado libre, no vamos nosotros a abordar la cuestión (al menos aquí). Simplemente basta decir que desde toda posición liberal se concibe la Propiedad Privada en un mayor o menor grado como garante tanto del individualismo y autonomía moral como de los derechos políticos de ciudadanía. Desde estas posiciones, más o menos dogmáticas dependiendo del caso concreto, la Propiedad Privada juega un papel instrumental. Un papel instrumental, cierto, pero eso no significa que sea un papel accesorio. La Propiedad Privada no es fin último de nada, sino medio para obtener multitud de fines, pero eso no significa que no tenga una naturaleza totalmente básica e irrenunciable. La Propiedad Privada y el Mercado Libre (como formula para adquirir, conservar e intercambiar las propiedades con las de otros ciudadanos conforme a la oferta y la demanda y el respeto a los contratos pactados) son el núcleo del programa económico liberal, que no solamente es más práctico y eficaz que su alternativa, sino que además es más ético (Mises, 2011). Desde este elemento, lo opuesto al Liberalismo es el Socialismo.

Lo mismo que el Liberalismo debe conjuntar siempre los tres elementos, no existiendo núcleos estancos, si no quiere perder su identidad liberal es posible encontrar que sus enemigos se juntan en un mismo sistema. Así por ejemplo tanto la Unión Soviética como la Alemania Nazi respondían a una mentalidad colectivista, plasmada en un sistema político totalitario y con un régimen económico de tipo socialista.


Próxima Entrega: El Liberalismo y sus Clases


REFERENCIAS:

Infantino, Lorenzo: Individualismo, Mercado e Historia de las Ideas, Unión Editorial, 2009.

Mises, Ludwig von: Liberalismo: La Tradición Clásica, Unión Editorial 2011.

Navarrete, Fernando: El Futuro del Liberalismo, en "Cuadernos de Pensamiento Político, 23", FAES, 2009 (Julio/Septiembre) (disponible en Internet: http://www.fundacionfaes.org/record_file/filename/2502/197-204_navarrete.pdf )

Rothbard, Murray: Mith and Truth about Libertarianism, originalmente publicado en "Modern Age 24, 1 (Invierno)", 1980. (Edición en español disponible en http://www.liberalismo.org/articulo/327/13/seis/mitos/liberalismo/ )

Sartori, Giovanni: Ideología, en Sartori: "Elementos de Teoría Política", Alianza, 1992.

Vallespín, Fernando: El Estado Liberal, en Del Águila, Rafael: "Manual de Ciencia Política", Editorial Trotta, 2003.

jueves, 27 de octubre de 2011

Un vídeo vergonzoso

"Confiar la instrucción pública al Estado constituye una perversa maquinación tendiente a moldear la mente humana, de tal manera que no exista la menor diferencia de un individuo a otro; el molde a tal efecto utilizado es el mas grato al régimen político imperante, ya se trate de una monarquía, una teocracia, una aristocracia, o bien a la opinión pública del momento; en la medida que tal cometido se realiza con acierto y eficacia, queda instalado un despotismo sobre la inteligencia de los hombres que más tarde, por natural evolución, somete a su imperio el cuerpo mismo de la gente”

-John Stuart Mill, "Sobre la Libertad" -


Empiezo comentando que en este blog voy a intentar en la medida de lo posible de distancianciarme de la realidad política cotidiana, especialmente la española, que tanto hastío causa. No obstante, hay cosas que a uno le provocan en demasía. Una de esas cosas es el uso que el Socialismo hace siempre de la mentira, la manipulación y la demagogia, especialmente en forma de técnicas de "Videopoder" (ver Sartori, 1992).

El último de los resultados de esas técnicas se ha producido con la elaboración del ya famoso en nuestro país vídeo de "Niño rico, niña pobre" a través del cual el Partido Socialista Obrero Español (en adelante PSOE) hace un ejercicio de cinismo considerable con el fin de:

1) Defender la Educación Pública
2) Atacar con saña a la Educación Privada
3) Criticar a los gobiernos autonómicos del Partido Popular
4) Extender la noción de lucha de clases abarcando también a los sectores infantiles de nuestra sociedad.

Esta actuación, ha logrado que todos los medios del país se fijen en la campaña del candidato del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, y ha hecho que todos estemos pendientes de un proyecto político al que sin duda alguna nadie da como ganador de las elecciones generales que se celebraran en más o menos tres semanas. Campaña que además tiene un eslogan tan conciliador como el de "Pelea".

Sin embargo, el vídeo "Niño rico, niña pobre" que muestra a un PSOE altamente preocupado por las clases más desfavorecidas, por la igualdad de oportunidades y por una educación pública de calidad frente a una derecha rapaz y clasista no puede ser más falso y no puede poner más en evidencia las incoherencias y la invalidez del proyecto auspiciado por Rubalcaba. Los hechos que podemos destacar, basados en el pasado y presente del Socialismo y de nuestros socialistas en España, son los siguientes:

1) Los líderes socialistas, lejos de haber estudiado en la educación pública lo han hecho en su mayoría en centros escolares privados, y los que no lo han hecho (seguramente por carecer su familia de medios) se encargan ahora muy mucho de enviar a sus hijos a dichos centros. Así por ejemplo conocidos socialistas han estudiado en mi colegio, Nuestra Señora del Pilar, sito en la Calle Castelló número 56 de Madrid: son los casos del propio Rubalcaba, de Javier Solana o del último candidato del PSOE al Ayuntamiento de Madrid, Jaime Lissavetzky (al que recientemente se entrevistaba en la publicación de Antiguos Alumnos).

2) Los líderes socialistas (entre ellos casos como el del propio señor Rubalcaba o el propio señor Solana) son responsables de las peores leyes educativas que haya conocido el país: la LOGSE y la LOE (la primera durante los Gobiernos de Felipe, la segunda durante los de José Luis). Esas leyes han supuesto la merma de la calidad educativa hasta situarnos en clara competencia con Marruecos (país en que la tasa de analfabetismo según PNUD entre 2005 y 2008 era del 43,6% de la población), han supuesto el fin de la educación pública como motor para el ascenso social de las clases más humildes y han reducido drásticamente el nivel de conocimientos de los jóvenes españoles al finalizar la educación obligatoria (eso sin contar el creciente fracaso escolar).

3) La concepción de la educación del PSOE (manifiesta en su programa político-educativo) responde a la clásica mentalidad socialista de la "escuela desde arriba" propia de los sistemas de planificación central socialista que tan mal resultado (tanto práctico como ético) han dado en los diversos ámbitos de la realidad social (incluido por supuesto, el ámbito educativo). El plan socialista ha sido siempre el de alejar la potestad de educar (que en origen corresponde a los progenitores o tutores legales) para someterlo al criterio de los planificadores estatales creando una escuela igualitarista (aunque en el fondo bastante alejada de la igualdad de oportunidades que dicen perseguir), libre de toda exigencia y responsabilidad, y de naturaleza tendencialmente totalizadora. (para complementar, ver Ballester, 2011)

En definitiva, el vídeo "Niño rico, niña pobre" lejos de convencer de las bondades socialistas para la educación pública, pone de manifiesto una vez más la autentica concepción socialista de la educación y la política: la demagogia y la incoherencia total existente entre mensaje y práctica política.


REFERENCIAS:

Ballester, Manuel: Bases Ideológicas del Sistema Educativo Español. ¿Por qué hay que mejorar la educación?, en "Cuadernos de Pensamiento Político, 31", FAES, 2011 (Julio/Septiembre).

Sartori, Giovanni: Videopoder, en Sartori: "Elementos de Teoría Política", Alianza, 1992.

Vídeo "Niño rico, niña pobre" disponible en Internet: http://www.youtube.com/watch?v=omssLO5eVgY

miércoles, 26 de octubre de 2011

Nuevos Inicios

"Si pretendemos el triunfo en la gran contienda ideológica de esta época, es preciso, sobre todo, que nos percatemos exactamente de cual es nuestro credo."

- Friedrich A. Hayek -


Cuando se decide comenzar una nueva andadura, es siempre preciso dar cuenta de los detalles que nos han llevado hasta el punto presente, así como dar una explicación a los posibles lectores sobre cual es el objetivo pretendido con la publicación.

Tras una serie de reflexiones he decidido abrir un nuevo blog, con la esperanza de poder transmitir a través de él mi particular visión del mundo. El momento que vivimos es un momento marcado por la complejidad y en buena medida también la confusión. Soy de la opinión de que, plenamente instalado en nuestra sociedad anida un espíritu. Mi propuesta es llamar a dicho espíritu el "Socialismo Obligatorio" que consiste en la instauración de principios y lógicas genuinamente socialistas en todos y cada uno de los estratos de nuestra sociedad. El socialismo, como bien advirtió Hayek al hablar de "los socialistas de todos los partidos" ha trascendido su tradicional marco de las formaciones políticas del centro-izquierda y la izquierda para difundirse a lo largo de todo el espectro de nuestra sociedad. Incluso, muchos "anti-socialistas" (como en el pasado sucedió con el fascismo) son, en realidad, socialistas. Combatir esa idea y su progresiva extensión es, desde perspectivas liberales, no solo una necesidad ineludible sino también una obligación moral.

De ahí nace este "Mosquetero Liberal". ¿Por qué "Mosquetero Liberal"? Un Mosquetero era, en los ejércitos europeos de la Edad Moderna, un miembro de la vanguardia de combate en el campo de batalla. En este blog, pretendo cumplir (en la medida de mis humildes medios) esa labor. Denuncia continuada y persistente de las actuaciones del espíritu de "Socialismo Obligatorio". Además, denota otra de las grandes preocupaciones de este blog: la de la Historia. Quien suscribe estas palabras se encuentra claramente comprometido con la defensa de la Historia en sus justos términos, ya que en buena medida, la Historia (con mayúscula) es herramienta esencial para enfrentar las historias (con minúsculas) que muchas veces se transmiten desde el poder político y sus siervos mediático-"intelectuales".

La otra gran preocupación del blog es la determinación y defensa del Liberalismo. El Liberalismo es una ideología de progreso, de libertad y de bienestar para todos los individuos. Alejada de las doctrinas totalizadoras mostradas por las diferentes "Caras de la Infamia" (las izquierdas, el nacionalismo y los movimientos conservadores) preocupadas por la Ingeniería Social, el Liberalismo es una doctrina de la libertad individual en los campos ético, político y económico. A este respecto mi posición es firme: No es posible, en ningún caso, una ideología liberal ni una vida en libertad si no existen libertades morales, libertades políticas y libertades económicas. Ni la agencia moral individual, ni los derechos fundamentales ni el capitalismo laissez-faire (el de verdad) sobran de la ecuación, y cualquier intento de transmitir lo contrario es profundamente anti-liberal, aunque se disfrace de "liberal".

Este es el gran compromiso de "Mosquetero Liberal". Defender el Liberalismo como ideología de libertad y progreso, desde el respeto y la querencia por la Historia como instrumento frente a las historias, y en clara oposición contra toda clase de Infamia, especialmente la que implica el "Socialismo Obligatorio". Juntos, quizás, podamos descubrir un Camino de Libertad.

Y es que ya lo dijo el otro gran (junto a Hayek) liberal del siglo XX, Isaiah Berlin:

"La esencia de la Libertad ha radicado siempre en la posibilidad de elegir lo que se desea elegir, porque así se desea, sin coerción, sin presiones, sin verse engullido por un vasto sistema; y en el derecho a oponerse, a ser impopular, a defender las convicciones propias simplemente porque son tus convicciones. Esa es la verdadera Libertad y sin ella no hay libertad de ningún tipo, ni siquiera la ilusión de ella."